La movilidad eléctrica requiere decisiones

La movilidad eléctrica requiere decisiones

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En los últimos dos años, las autoridades en Bogotá y Medellín se han visto obligadas a decretar horarios extendidos de Pico y Placa y a imponer restricciones a la movilización de vehículos de carga para mediar con los altos niveles de contaminación. Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales IDEAM, en Colombia, cerca del 80 por ciento de la contaminación del aire proviene de fuentes móviles (automóviles, camiones, volquetas, motos, buses y taxis) y el 20 por ciento restante, de fuentes fijas (chimeneas, industrias, quemas y minería).

Hoy es normal que, al salir de su casa, mientras usted va en bicicleta o simplemente espera el bus, sea alcanzado por una nube de humo negro procedente del exhosto de un Transmilenio o de una volqueta, causándole algún tipo de malestar en los ojos y en los pulmones. Y es que las cifras de muertes relacionadas a la calidad del aire son alarmantes, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 7 millones de personas mueren cada año en el mundo como consecuencia de la exposición a la contaminación atmosférica.

Esta problemática tiene diversos ángulos y su solución requiere ser atendida desde varios frentes. Uno de estos es la movilidad eléctrica integral que vienen adoptando grandes urbes alrededor del mundo.

El año pasado, más de 2 millones de vehículos eléctricos (VE) fueron vendidos en todo el mundo. Según, New Energy Finance de Bloomberg, la venta de VE llegará a 10 millones de unidades para 2025, a 28 millones para 2030 y a 56 millones para el año 2040. Se espera que la demanda siga creciendo a medida que los costos de producción bajen y la autonomía de las baterías aumente.

En Colombia, la movilidad eléctrica es un concepto que cada vez escuchamos con mayor frecuencia en los medios de comunicación, en debates públicos, en la academia y en las calles. Prueba de esto, es la aprobación por parte del congreso del proyecto de ley que promueve el uso de este tipo de vehículos. Este proyecto otorga beneficios tributarios a los usuarios y dicta las reglas para la instalación de cargadores eléctricos en edificios residenciales y comerciales. Otros ejemplos son, la llegada de miles de “scooters” eléctricas al país, los primeros 200 taxis eléctricos y 55 buses eléctricos a Medellín y los 100 buses eléctricos que operarán en Cali a final del año.

Sin embargo, mientras que en nuestro país hasta ahora se empiezan a fijar rutas a corto plazo frente a los VE, Chile, país de América Latina que lidera la transición hacia la movilidad eléctrica, viene desplegando una estrategia amplia desde 2016 con la implementación eficiente de scooters, taxis, carros y camiones eléctricos para uso en la industria minera. Chile espera que para 2050 el 40 por ciento del transporte privado y el 100 por ciento el transporte público sea eléctrico.

A pesar de los avances en la reglamentación e incentivos para la compra y uso de VE, el panorama a largo plazo en Colombia aun no es claro. El país carece de la infraestructura necesaria para desarrollar un sistema eficiente y sostenible y se requiere de verdadera voluntad política y coordinación interinstitucional para lograr la transición hacia la movilidad eléctrica y lograr que esta sea una prioridad dentro de los planes de gobierno de las ciudades.

Además, es necesario tener objetivos a largo plazo, normas que favorezcan las tecnologías limpias y potenciar los incentivos financieros creando alianzas público-privadas, pero sobre todo se necesita de decisión y coordinación interinstitucional. De lo contrario, la motorización de motores de gasolina y diésel seguirá en aumento, lo que se traducirá en más emisiones y peor calidad de aire, en un país cada vez más enfermo.