Lágrimas tricolor

Lágrimas tricolor

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Vaya emoción la que nos trae a algunos ver jugar a la Selección Colombia, bueno, en general disfrutar del fútbol. Pero, más grande aún la emoción que nos produjo ver el jueves a Miguel Ángel Borja y Rafael Santos Borré llorar al escuchar y entonar el himno de Colombia. Sin duda, esto me ha dejado una gran pregunta ¿Qué representa ser colombiano?

Bueno, quizás muchos consideren que solamente por haber llorado no se expresa el amor que se siente por Colombia o, que pudieron haber interferido factores en los jugadores mencionados como el haber visto de nuevo un estadio lleno de personas después de la pandemia para producir tal sentimiento. Sin embargo, lo cierto es que son muchos los factores que nos deberían hacer “llenar el pecho de emoción” al decir ¡Soy colombiano!

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Por ejemplo, amanecer y saber que hay seres humanos con botas que, a pesar de las circunstancias están dispuestos a entregar incluso su propia vida por usted, su compatriota; ver tantas mujeres berracas sacar a sus hijos adelante solas; descubrir jóvenes que son de la “primera línea”: primeros puestos en las academias, primeros ayudando en la casa, primeros actuando en valores, primeros construyendo iniciativas; conocer colombianos que con empuje actúan honradamente, que no se atreven a jugar mal porque saben lo que cuesta una “tarjeta roja”. Todo esto representa ser colombiano.  

Sabemos que, ahora mismo todos estamos jugando un partido definitivo: El 2022, que, a pesar de no ser “hincha” del mismo equipo, si debemos pensar que el partido dentro del cual somos titulares debe ser aquel que conduzca a la victoria de una democracia justa, que no traiga faltas y no esté a la cabeza de jugadores amonestados. Bien sabemos que el campo de juego está lleno de obstáculos como las altas temperaturas que trae la corrupción de los dirigentes, ciudadanos que salen a robar incluso vidas, tarjetas amarillas con faltas gravísimas cometidas por comunicadores clave dentro de la opinión pública, entre otros.

Por tanto, debemos ser conscientes del papel que cada uno de nosotros representa dentro de Colombia, no dejemos que los antivalores, las posturas extremas, la politiquería, la falta de conocimiento de la historia o, las falacias del progresismo nos metan goles, nos hagan llorar de tristeza y no de emoción. Respetemos las diferencias, pero no cometamos la falta de cooperar con la ignorancia de la masa ¡Lloremos, lloremos de emoción al celebrar cada uno de nuestros hermosos símbolos patrios!

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