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El “rugido del tigre”: Análisis de la polarización en el discurso de Abelardo de la Espriella en su cierre de campaña electoral.

En su multitudinario cierre de campaña en Barranquilla, el candidato Abelardo de la Espriella utilizó una retórica que, según los indicadores de polarización analizados en el taller propuesto por la Facultad de Ciencias del Comportamiento, profundiza la animosidad partidista y refuerza una narrativa de outsider contra el sistema.

A partir de los indicadores del articulo académico “Megastudy testing 25 treatments to reduce antidemocratic attitudes and partisan animosity”, presentados por Camilo Rincón, director del grupo de investigación Cognición, Aprendizaje y Socialización, en un taller realizado en la Escuela de Gobierno, se analiza el cierre de campaña de Abelardo de la Espriella. El taller, nos permite identificar cómo el discurso de “El Tigre” en Barranquilla refleja altos niveles de rechazo emocional al adversario y la construcción de un liderazgo anti-sistema, factores que aumentan la polarización y erosionan el tejido social.

El evento en el Gran Malecón del Rio, el pasado 23 de mayo, que congrego cerca de 50.000 personas, sirvió como base para identificar los modos más recurrentes en los cuales Abelardo de la Espriella genera polarización. Uno de los más visibles es la animosidad partidista, definida por Rincón como el rechazo emocional al bando opuesto, donde el otro deja de ser un adversario para ser visto como una amenaza. En su intervención, De la Espriella se refirió al sector gobernante actual como “la potencia de la muerte, del dolor, de la tristeza” y tildo a sus opositores como “traidores de la patria”. Además, advirtió de manera tajante ante la multitud “he venido a enfrentarlos, derrotarlos y castigarlos… les voy a hacer pagar todo el daño que le han hecho al pueblo colombiano”. Esta práctica genera polarización al deshumanizar al oponente político, transformando la competencia democrática en una fractura social, donde el “otro” es excluido de la comunidad nacional. Al convertir la diferencia ideología en una amenaza existencial, se anula la posibilidad de diálogo y se fomenta un filtro social que rompe la cohesión ciudadana.

Un segundo indicador clave es la preferencia por candidatos anti-sistema o la narrativa del “outsider”, que implica líderes que prometen romper con el sistema político tradicional. De la Espriella en su discurso afirmó: “Yo no soy político… yo no vine a hacerlo de siempre, yo vine a cambiar la política para siempre”. Al presentarse como un candidato “independiente” que busca “liberar al pueblo de los miserables de siempre”, utiliza una narrativa de personalización extrema. Este enfoque alimenta la polarización al validar la idea de que los procesos y normas democráticas son secundarios frente a la voluntad de un líder fuerte. Según el marco teórico presentado por Camilo Rincón, esta lógica debilita la confianza en las instituciones y prepara el terreno para el colapso interno, ya que los seguidores empiezan a priorizar el beneficio de su bando por encima de las reglas del juego democrático.

Este tipo de discurso conlleva profundos peligros políticos, pues al promover el rechazo absoluto al trabajo conjunto, se genera una parálisis legislativa que impide que el país avance. La validación de figuras que desprecian el proceso democrático en favor de la “ficción” de un cambio radical predice, según Rincón, un riesgo inminente de colapso interno y erosión de la fe de las personas en las instituciones, las cuales empiezan a verse también como el enemigo del candidato cuando no cumplen con su voluntad. En el plano social, el peligro es la segregación física y emocional de la población, al considerar al vecino de otra filiación como una amenaza o, en palabras del candidato, un “traidor”, se destruye la confianza interpersonal necesaria para la acción colectiva. Finalmente, el uso de lenguaje bélico y la promesa de actuar, según Abelardo, “por la razón o por la fuerza” normaliza la violencia, lo que puede escalar hasta legitimar agresiones físicas y fracturar definitivamente una paz social que ya pende de un hilo.

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