1.500 niños, niñas y adolescentes reclutados desde 2021. 625 casos registrados solamente en 2024. 44 % de los menores reclutados en 2025 tuvieron contacto con grupos armados a través de redes sociales. Estas cifras deberían ser suficientes para que Colombia entienda que estamos frente a una emergencia que no admite indiferencia. Así lo advierte Human Rights Watch, en su más reciente informe sobre el reclutamiento de menores en el país.
El problema ya no está únicamente en las zonas rurales donde operan los grupos armados. También puede estar en el celular de un niño. Human Rights Watch identificó cuentas y publicaciones utilizadas para promover o facilitar el acercamiento de menores a estas estructuras. Las promesas de dinero, poder, reconocimiento o supuestas oportunidades laborales terminan convirtiéndose en una puerta hacia la violencia.
Una infancia que está siendo robada
Las consecuencias son devastadoras. Niños utilizados como mensajeros, informantes, cobradores y combatientes; menores entrenados para manejar drones y niñas expuestas además a violencia sexual. En el Cauca se concentra cerca del 57 % de los casos registrados, una muestra de cómo la ausencia de oportunidades y la presencia de grupos armados están dejando a miles de menores en una situación de extrema vulnerabilidad.
Pero hay otra cifra que debería preocuparnos: entre 2016 y 2025 se registraron 3.947 indagaciones por reclutamiento de menores y apenas 9 terminaron en condena. La distancia entre las investigaciones y las condenas evidencia un problema que no podemos seguir ignorando: mientras la justicia avanza lentamente, los reclutadores continúan encontrando niños vulnerables a quienes convertir en instrumentos de guerra.
El ICBF ya anunció acciones para fortalecer la prevención y trabajar con TikTok, Instagram y Facebook frente a estas nuevas formas de captación. Es necesario, pero no suficiente. El reclutamiento de menores debe convertirse en una prioridad nacional de seguridad, justicia, educación y protección de la infancia. Se necesitan instituciones presentes en los territorios, oportunidades para los jóvenes, protección para las familias y una persecución contundente contra quienes convierten a nuestros niños en instrumentos de guerra.
Este no puede ser un tema que ocupe titulares durante unos días y después desaparezca. A este tema hay que ponerle cuidado. Mucho cuidado. Porque un país que permite que sus niños sean reclutados está permitiendo que le roben su futuro.
Nuestros niños deberían estar en las aulas, en los parques y en sus hogares; nunca en un campamento armado, nunca detrás de un fusil y nunca frente a una pantalla que los invite a la guerra.
Porque cuando un grupo armado logra convencer a un niño de que la violencia es su futuro, Colombia ya perdió demasiado.

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