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Foto tomada de: http://www.elcolombiano.com

Tras la pista de Pablo Escobar

El día de ayer, 2 de diciembre de 2018, se cumplieron 25 años de la muerte de Pablo Escobar. Este delincuente fue el mayor narcotraficante de la historia de Colombia. Acabó con la vida de miles de colombianos inocentes. Y además, logró sembrar el terror en todos los ciudadanos. Ya las personas temían ir al centro comercial, pues la posibilidad de que una bomba estallara, era muy alta.

En los últimos años la imagen de este asesino ha estado presente en los colombianos y en el mundo entero. Productoras de televisión como Netflix y Caracol, han sacado programas dedicados al recuento de su vida. Tan famoso se hizo, que incluso se volvió normal ver en las redes sociales memes con fotos de este criminal.

Ahora bien, estos programas solo han logrado humanizar a una persona que debería ser repudiada por todos los colombianos. En dichos programas, muchas veces lo mostraron como un hombre familiar, chistoso y hasta con buenos sentimientos. Esto, solo con el objetivo de lograr ganar más “rating”. Jamás se debió permitir mostrar así a un monstruo como Pablo Escobar. Los colombianos deberíamos recordarlo por sus bombas, sus asesinatos, sus violaciones y demás crímenes que cometió. Nadie hizo más daño al país que este antisocial.

Para la muestra un botón. El escritor de la presente columna conoce a una persona que estuvo en Medellín en los años 80, persiguiendo a Pablo Escobar. Esta persona era un capitán del ejército que dejó a su familia, amigos y pareja, por perseguir a este narcotraficante. Personas como él, lograron entender que Pablo Escobar lejos de ser un ídolo colombiano, era una escoria como ciudadano.

Por seguridad, llamaré Andrés a dicho militar. Él, me contó lo que fue estar detrás de Pablo Escobar. En esa época los propios integrantes de un pelotón, podían ser infiltrados por Pablo Escobar. Por tanto, ni dentro del batallón los militares se sentían seguros. Cuando Andrés llegó a Medellín, tenían encarcelados a un número considerable de uniformados, que hacían parte de la nómina de Pablo Escobar. Es decir, el militar literalmente, dormía con el enemigo.

Andrés llegó al batallón Buenos Aires para finales de los años 80. Y posteriormente, dirigió al ejército en Envigado, que buscaba dar con el paradero de Escobar. Andrés recuerda que se volvió normal recibir llamadas a su oficina recibiendo amenazas. En las llamadas le decían “Capitán $%#@¢@ sabemos dónde está y algún día va dar papaya para matarlo”. Andrés no se asustaba con las llamadas, pues las recibía a diario.

Además, era verdad, en Medellín mandaba el narcotráfico, más que la autoridad. Por ende, en cualquier momento podían asesinarlo. Andrés no temía a esas llamadas, antes le daban más fuerzas para lograr encontrar a dicho criminal.

No era fácil vivir en Medellín como militar para esa época. Pablo Escobar le tenía precio a todas las cabezas militares, cuenta Andrés. Por la misma razón, dentro del batallón Andrés siempre andaba acompañado de otro capitán y sus escoltas.

Para ir de su oficina a su habitación, lo hacía armado y totalmente protegido. Pues se sabía que hasta dentro del batallón podía ser asesinado por cualquier compañero que estuviera infiltrado por dicho narco. Dormía con un fusil y una pistola al lado de él, pues siempre esperó el día que llegaran a matarlo. Afortunadamente, esto nunca sucedió.

Si estar dentro del batallón era peligroso, salir por Medellín era suicida. Cuando Andrés tenía que salir del batallón las medidas eran extremas. Andaba con 6 motorizados alrededor de su camioneta y no podía parar en ningún semáforo porque lo mataban. Alguna vez, desde su camioneta, le tocó presenciar como 2 sicarios explotaban un petardo en un CAI en Medellín.

Otra vez, estuvo cerca de su muerte. Iba rumbo al barrio La Macarena en la capital antioqueña. Sin embargo, antes de llegar al barrio decidió visitar a un amigo en el hospital. Saliendo del hospital se enteró de una bomba que estalló en dicho barrio. El artefacto explosivo, tenía el objetivo de matar a los militares que ese día iban para allá. Entre esos, Andrés. Se podría decir que se salvó por un pelo.

Cientos de allanamientos y capturas realizó Andrés. Todos los días llegaban pistas falsas y verdaderas sobre el paradero de Escobar. Al final, a Andrés lo devolvieron a Bogotá a dirigir una brigada móvil. Poco después, Pablo Escobar fue dado de baja por el Bloque de Busqueda.

La historia de Andrés puede ayudarnos a entender quién era Pablo Escobar. Nos ayuda a dimensionar que tan asesino, torturador, secuestrador y genocida fue este hombre. En su lucha contra el estado, le arrebató la vida a miles de colombianos inocentes. Su delirio de poder llevó a los militares a cuidarse de sus propios compañeros.

Por eso, es que hoy a Pablo Escobar debemos recordarlo con miedo, con tristeza y hasta con rabia. Porque como ciudadanos debemos ejercer presión social para que un monstruo así nunca más vuelva a existir.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Rocio Sandoval

    Estoy de acuerdo. Inclusive viendo el noticiero me aterró que que lo recordarán como se recuerda el Palacio de Justicia o lo de Armero.

    Felicitaciones parar estos jóvenes que están tomando conciencia

  2. HERNAN SANDOVAL ROMERO

    Excelente articulo

Comentarios cerrados.