Conectividad y activismo

Conectividad y activismo

En días pasados, en el marco de las protestas adelantadas en Hong Kong por algunos ciudadanos de esta provincia ubicada en el sur de la China continental, pude observar que pese a las presuntas restricciones y censuras a las redes sociales, los manifestantes encontraron en otras plataformas digitales no vigiladas, y no precisamente de convocatoria o acercamiento social, una herramienta perfecta.

La plataforma de juego virtual Pokemon Go y la célebre aplicación móvil Tinder, entre otras,fueron el medio a través del cual los manifestantes, en su mayoría jóvenes, convocaron las movilizaciones y las tomas a lugares de alta concentración de personas para generar amplia visibilización a sus protestas, como lo pudimos ver en el aeropuerto Internacional de Hong Kong Chek Lap Kok. Como consecuencia de ello y sin entrar a polemizar u opinar acerca de las políticas adoptadas en Hong Kong o de las posturas del gobierno Chino, estos escenarios virtuales fueron el medio perfecto para convocar las movilizaciones que al otro lado del mundo hemos visto en los últimos días a través de los medios de comunicación.

Este suceso nos demuestra, sin lugar a dudas, que la tecnología ha superado las barreras de los bloqueos o censuras y que en alguna medida, bien pensada y aplicada por supuesto, contribuye al fortalecimiento de las relaciones sociales y de las manifestaciones colectivas que buscan o tienen un propósito más allá de lo personal.

Encontramos entonces que el ser humano, sin importar cualquiera que sea su necesidad o interés, y poniendo a prueba su astucia, podrá valerse de los diferentes mecanismos como lo ha hecho a través de la historia, por ejemplo el del entrenamiento de las palomas mensajeras, para comunicar y transmitir mensajes para la defensa de sus derechos e intereses, o como la constitución de movimientos políticos digitales.

Por lo anterior y a consideración de quien escribe esta columna de opinión, las necesidades sociales jamás podrán ser acalladas, y menos en este momento de la historia donde la conectividad del ser humano ha avanzado a un ritmo geométrico, por razones de bloqueo o censura de plataformas digitales, pues siempre se encontrará la manera de transmitir la información.

A propósito del tema y como dato de cultura general, hay quienes se preguntan: ¿por qué Hong Kong goza de un esquema y de políticas de gobierno muy diferentes a las de la República Popular China? Además, ¿cómo pudo esta ciudad llegar a consolidarse como uno de los enclaves regionales, y por qué no decirlo, mundiales de la economía?

En aras de despejar las dudas anteriores es de anotar que para el año 1839, entre otras razones, los Británicos importaban por allí el opio cultivado en la India y el cual le resultaba mucho más económico que el conseguido en la China. Las rutas comerciales del opio produjeron en esta región del mundo un aumento en su consumo y por ende las autoridades chinas de la época cuestionaron fuertemente las actividades mercantiles de Gran Bretaña, cuya respuesta fue el envío de navíos de guerra para dar inicio a la “primera guerra del Opio”. Este conflicto bélico cesó con la suscripción del tratado de Nanking en el año 1842, en el cual se reconoció la supremacía militar y la victoria Británica, además de concederle a este imperio la “pertenencia” de la provincia de Hong Kong.

No fue sino hasta el año 1984 cuando el gobierno Británico, encabezado por la primera ministra Margaret Tatcher, quien tras varias negociaciones con su homólogo chino Zhao Ziyang, acordó la “devolución” de Hong Kong a la República Popular China la cual se hizo efectiva en el año 1997, no sin antes establecer un régimen de transición condicionado a una duración de 50 años y en el cual deberán coexistir dos sistemas de gobierno en el territorio (modelo económico liberal y de intervención), es decir, que hasta el año 2047 esta provincia pasará a estar bajo control absoluto de China ¿Qué vendrá después?