Colombia se rajó en las pruebas PISA. En matemáticas obtuvo 381 puntos y en lectura 399, resultados que vuelven a poner sobre la mesa una realidad que ya no podemos esconder. El 71 % de los estudiantes no alcanzó el nivel básico en matemáticas y el 55 % tampoco lo logró en lectura. Esto no es simplemente un mal resultado internacional: es una señal de alarma sobre el futuro de toda una generación.
Durante años hemos hablado de cobertura, presupuesto, infraestructura y derechos laborales, pero poco de lo más importante: ¿están aprendiendo nuestros estudiantes? Los colegios existen para enseñar, y cuando siete de cada diez jóvenes no alcanzan las competencias básicas en matemáticas, tenemos que preguntarnos seriamente si el modelo educativo actual está funcionando. En la OCDE, el 65 % alcanza al menos el nivel básico en matemáticas, frente al apenas 29 % de Colombia.
También debemos hablar de lo que ocurre dentro de los colegios. Necesitamos menos ideología y más aprendizaje. Los jóvenes necesitan libros, matemáticas, ciencias, historia y pensamiento crítico; necesitan aprender a cuestionar y construir sus propias ideas, no convertirse en repetidores de consignas políticas. Y Fecode, como uno de los actores más importantes del sistema educativo, también debe asumir esta discusión: defender a los maestros no puede significar renunciar a exigir resultados.
Porque evaluar a los docentes no debería ser un tema prohibido. Un buen profesor merece reconocimiento, mejores incentivos y todas las herramientas para hacer bien su trabajo. Pero cuando los resultados son persistentemente malos, el sistema también debe preguntarse qué está fallando y tomar decisiones. El estudiante debe estar en el centro, no los intereses políticos o sindicales.
Menos ideología y más educación
Colombia necesita una reforma educativa de fondo. Necesitamos una evaluación docente seria, transparente y enfocada en resultados; mejores incentivos para quienes hacen bien su trabajo y más apoyo para quienes necesitan mejorar. También debemos ampliar los colegios en concesión y abrir un debate responsable sobre los vouchers educativos para que las familias tengan mayores posibilidades de elegir la educación que quieren para sus hijos.
No se trata de atacar a los maestros ni de privatizar por privatizar. Se trata de reconocer qué colegios funcionan, qué modelos producen mejores resultados y cómo podemos llevar esas experiencias a más estudiantes. Si algo funciona, debemos replicarlo; si algo fracasa durante años, debemos tener el valor de cambiarlo.
El colegio debe volver a ser el lugar donde se aprende. Donde leer importe, donde las matemáticas sean fundamentales y donde el esfuerzo tenga recompensa. Los jóvenes necesitan salir preparados para la universidad, el trabajo y la vida, con capacidad para pensar por sí mismos y no simplemente para repetir las ideas de otros.
Los resultados de PISA deberían ser el punto de partida de esa transformación. Solo el 29 % de los estudiantes colombianos alcanzó las competencias básicas en matemáticas y apenas el 46 % lo hizo en lectura, frente al 65 % y 69 % de promedio de la OCDE. Y en los niveles más altos, el panorama es todavía más preocupante: menos del 1 % llegó a los niveles superiores en matemáticas y apenas el 1 % lo hizo en lectura.
Estas cifras no permiten seguir actuando como si nada pasara. Podemos seguir defendiendo un modelo que no está dando los resultados que Colombia necesita o podemos atrevernos a reformarlo. Colombia necesita menos ideología en los colegios, más lectura, más matemáticas y más educación. Porque si siete de cada diez estudiantes no alcanzan siquiera el nivel básico en matemáticas, el problema ya no es una cifra en una prueba internacional: es el futuro de Colombia.

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